Las escaleras han acompañado al cine desde sus inicios, escaleras rectas, en espiral, alimentadas por las diversas corrientes y utilizadas por sus creadores para fines diversos, transitadas por seres misteriosos, mujeres seductoras o indefensas, o seres que avanzan hacia otra realidad.



Sin duda uno de los directores que más encuadres ha realizado de las escaleras es Hitchcock, que ya las utilizó como Mac Guffin en una de sus películas de su primera etapa, 39 escalones (1935), en donde el título alude al nombre de una organización criminal. El nombre es solo un pretexto para contar las peripecias de un personaje envuelto por azar en una red de espionaje.

En
Rebeca (1940) las numerosas escaleras que pueblan la mansión conducen a la protagonista al torturado mundo interior de su esposo, a la habitación prohibida, a los acantilados de la muerte o bien son el lugar desde el que la desventurada protagonista exhibe su belleza como ya había hecho Escarlata en Lo que el viento se llevó y también otras damas del celuloide.

Las escaleras acentúan su valor de misterio y de acceso a lugares peligrosos en las siguientes cintas del mago del suspense. Así, en
Sospecha (1941) son transitadas por el ambiguo protagonista cuando sube el misterioso vaso de leche iluminado, porque, según el director, “era preciso que no se mirara más que ese vaso”. También en La sombra de una duda (1943) los peldaños se asocian al malvado y atrayente tío Charlie, que intenta asesinar a su sobrina rompiendo uno de sus pasos, y que en ocasiones sube o baja por la escalera trasera, como símbolo de su naturaleza perversa.

Ingrid Bergman también es víctima de vivir en “el lado de arriba” cuando la suben desvanecida a causa del veneno en
Encadenados (1946), aunque poco después será rescatada por Devlin y bajará la escalera, lo que
supone salvarse.

Pero sin duda las escaleras más maléficas de Hitchock son las de la casa de Norman Bates en
Psicosis (1969), enfocadas desde distintos puntos de vista (el detective Argobast es asesinado al subir hacia la habitación de Norman). Bajar al sótano es descender al infierno y
la locura.

Como vemos, el mago del suspense, peldaño a peldaño, ha conseguido crear sus historias en torno a las escaleras. Porque, ¿qué es el séptimo arte sino una larga escalera en espiral, como la que sube Judy/Madeleine en
Vértigo, que nos conduce por sus empinados vericuetos? Porque en la subida (o en el descenso) está el riesgo.

Texto de: ANA ALONSO
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