Se han ido los últimos amigos;
abro las ventanas para que salga el humo,
para que entre la impaciente luz del día.
Todavía la casa resuena con sus risas,
en los vasos hay huellas de labios,
también sobre mis labios;
aún resuena el motor de un coche,
aún oigo renqueante el ascensor.
Y entonces llegas tú, la no invitada,
y con el hosco silencio de costumbre,
retiras platos, vacías ceniceros,
y antes de que amanezca,
antes de que el sueño llegue,
ya no queda en mi casa ni en mi vida
el más mínimo rastro de la fiesta.

Texto de: JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN