Pocas cosas son tan debatidas como el arte contemporáneo. Mientras que el arte clásico ha sobrevivido a siglos de aceptación, el arte del siglo XX y XXI sigue despertando mucha controversia, dentro y fuera del mundillo especializado. Para muchos es puro mercado, especulación, incluso para los muy críticos “pura mierda”. Y no les falta razón: hace años, un “artista” italiano, de cuyo nombre no quiero acordarme, expuso en Nueva York unos botes llamados “Mierda de Artista”...rellenos de sus propias heces fecales...

Pero no todo es tan simple. A finales del XIX se gestan en Viena potentes movimientos transgresores, muy criticados en su momento por la sociedad más conservadora y ortodoxa, acostumbrada al arte figurativo. Estas nuevas corrientes son protagonizadas por artistas hoy cotizadísimos, como Gustav Klimt o Kandinsky (autor de la primera acuarela abstracta). Pero la cultura “é móbile, qual piuma al vento”, y a partir de Viena se iría con las maletas, recorriendo Berlín, París, Londres y Nueva York (o actualmente Shangay). Esa renovación del arte fué evolucionando durante todo el Siglo XX a través de movimientos tales como el fauvismo, el cubismo, el surrealismo, el constructivismo ruso y otros -ismos. Artistas consagrados como Picasso, Paul Klee, Juan Gris, Marc Chagall, Tapiès, Miró y otros muchos se formaron en esta “revolución” del arte.

Pero llegamos al momento actual, y es aquí donde surge la gran polémica.
¿Quién juzga, quién decide lo que es bueno o lo que es malo, lo que es Arte y lo que no?.

El lenguaje utilizado en el mundo del arte contemporáneo tampoco ayuda mucho a su comprensión por los neófitos. Al igual que los curas daban la misa en latín, para que nadie los entendiera, el argot o “metalenguaje” se camufla con neologismos, como el mismo término “metalenguaje”: ya no hay “estudios”, sino “espacios”. Ya no se habla de “exposiciones” sino de “instalaciones”, donde se exponen “obras”, que no cuadros ni esculturas. Y cuando uno, con su buena fe lee las críticas para intentar informarse, a veces cuesta trabajo saber a qué se refieren. Valgan como ejemplo tres críticas escritas sobre tres artistas en la última edición de ARCO: ...”adoptan un formato siempre fronterizo y tan complejo en vulnerabilidad, multiculturalismo, incertidumbre o nomadismo”...o...”trabaja con dar y quitar información, ofreciendo capas y capas de mensajes cifrados, recontextualiza el discurso del formato celuloide” ...o...”trabajos magnéticos que exigen del espectador un examen atento, pues deberá desenvolverse en muy diferentes niveles de lectura”... Pero no hay que ser tan crítico con las críticas. Al fin y al cabo los    neologismos nos invaden. Por donde me muevo ya no veo tabernas: donde antes era un bar con tapas ahora son “neotascas” o “gastrobares”.

Es indiscutible que hay miles de creadores generando cosas nuevas de gran calidad. El Arte Contemporáneo ya no se ciñe sólo a la pintura o la escultura: fotografía y vídeo y otras tecnologías se suman a la expresión artística. El Urban Art, arte de la calle, contempla hasta los graffittis, que no se pueden resumir en meras pintadas. El mejor ejemplo puede ser Banksy (recomendable la película Through the Gift Shop=salida por la tienda de regalos, declaración de principios del Urban Art), artista británico anónimo y muy cotizado cuyas imágenes transgresoras de ratas o policias hemos visto todos aunque no sepamos de quién son, y que forman parte del imaginario contestatario (¡uy, que me sale el “metalenguaje”!).

Pero
todo se vende, y el arte no es una excepción. Si en las ferias de los pueblos se colocan los melones bien a la vista para que los compradores se los lleven, y en los mercadillos se cuelgan prendas de ropa e imitaciones de perfumes de marca para fomentar las compras, febrero es el mes de las ferias de arte en Madrid, coincidiendo hasta cuatro. ¿Es casual la coincidencia?. La más consolidada es ARCO (ARte COntemporáneo), creada en su momento y apoyada por el Ayuntamiento de Madrid para proyectar internacionalmente a los artistas de aquí. Otras ferias como FLECHA (Feria de Liberación de los Espacios Comerciales Hacia el Arte) o ArtMadrid buscan lo mismo: atraer a los coleccionistas extranjeros, con más nivel adquisitivo y vender, vender, vender, que el mercado del arte está muy flojo...

Volvemos a la pregunta anterior: ¿quién decide lo que es bueno y lo que no?. Un mundillo de galeristas, críticos y asesores de arte, cada cual con sus propios criterios, orientan a los coleccionistas (en ARCO una sección, First Collector, asesoran a los que quieren empezar a comprar y no saben), para que nadie se vaya con las manos vacías.


La crisis ha sacudido fuerte a ese mercado de lujo como es el arte. Pero como dice un pintor y amigo japonés: “no es pollo”...Efectivamente no nos podemos comer un cuadro en caso de apreturas. Pero sí es verdad que el arte, en todas sus variantes (artes visuales, artes gráficas, cine, música) genera el 4% del PIB español, y éso que a diferencia de otros países cercanos apenas recibe subvenciones (y menos ahora).

Pero, ¡ay, amigos!,
el arte siempre ha sido y será un “pollo espiritual”, y a mí, al menos, me deja el alma muy, pero que muy satisfecha. El eterno problema será distinguir entre lo que es mierda, por muy cotizada que esté, y lo que no lo es.

Texto de: SANTIAGO GARCÍA CARABALLO