the reaper on red
"El segador en rojo", Malevich, 1913.


Cartel para "El acorazado Potemkin",
dirigida por Eisenstein, 1925.


"El triunfo de la voluntad",  dirigida por Leni Riefenstahl, 1935.


Cartel para la oficina de publicidad estatal de Leningrado,
Alexander Rodchenko, 1925.


"Entrega de comida a los necesitados en Steyr, Austria,1932" de la exposición "Una luz dura, sin compasión. El Movimiento de la Fotografía Obrera (1926-1939)".


"El cine llega al pueblo,1927" de la exposición "Una luz dura, sin compasión. El Movimiento de la Fotografía Obrera (1926-1939)".


Revista "Sovetskoe foto".



revista AIZ
Portada de la revista "A-I-Z", nº17, 1931.


tierra y libertad
"Tierra y libertad", Ken Loach, 1995.


"Let them eat crack", Bansky.



"Mona bazooka", Bansky.


"Los encargados", de Jorge Galindo y Santiago Sierra.

Hace poco leí el comentario que hizo el millonario norteamericano Warren Buffet en un artículo para el New York Times titulado "Dejad de mimar a los super ricos" en el que, entre otras cosas, decía:  "la lucha de clases sigue existiendo... pero la mía va ganando". 

A raíz de la famosa Transición y la instauración de la democracia en España, se nos lanzó a menudo el mensaje de que "ya no había lucha de clases". Se suponía que la clase obrera ya estaba bastante protegida mientras que la clase media (igual de obrera pero sin mono ni casco) debía sentirse bastante satisfecha con su monovolumen y el chalecito en la playa... ¿lucha de clases? ¿Para qué, si éramos todos ricos y felices?

Pero los acontecimientos de estos últimos años con sus secuelas de crisis, desempleo, recorte de servicios sociales, el contubernio entre la clase política y la banca, la altísima corrupción y demás, nos demuestran cada vez más que sí, que el millonario yanqui tiene razón: desde los comienzos de la humanidad hubo, hay y habrá lucha de clases...   y siempre la perdemos "los de abajo". 

Dentro del Arte, la literatura, el teatro y el cine han sido facetas con frecuencia muy combativas y dadas a la denuncia social, pero, ¿y las artes plásticas?, ¿hay denuncia en la artes visuales? Por supuesto que sí. Y no me refiero al arte "transgresor" de las vanguardias (secesionismo, fauvismo, cubismo y otros ismos), creadoras de escándalo en los círculos "ortodoxos", sino a aquellas manifestaciones que artistas concienciados socialmente han sabido plasmar, con la intención tanto de desahogar su malestar como de implicar al resto de la sociedad.

El Arte Social tuvo su explosión inicial a raíz de la Revolución Soviética y el breve periodo sin censuras de los primeros años: cineastas como Eisenstein (películas de denuncia que forman parte de los clásicos en la historia del cine como "El acorazado Potemkin" u "Octubre"), Aleksandrov o Pudovkin.

O artistas plásticos "al servicio de la revolución", lo que se llamó el Constructivismo: Tatlin, Rodchenko, Malevich, Mayakovsky, Popova... aunque podríamos pensar que el Constructivismo, bendecido en su momento por el estalinismo podría ser ya, más que Arte Social, un Arte Propagandístico, al estilo del que realizó la alemana Leni Riefenstahl, cineasta al servicio y con las bendiciones del Tercer Reich, con películas "gloriosas" tales como "El triunfo de la voluntad" o el macrodocumental sobre las Olimpiadas de Berlín de 1936: "Olympia". Cabe mencionar la cara de palo que se le quedó a Hitler al comprobar las cuatro medallas de oro que el atleta (negro) Jesse Owens ganó, a tal punto que el Führer abandonó el estadio por no entregarle las medallas.

En la Rusia bolchevique, justo antes de la Revolución Soviética, el Partido Comunista creó el "Departamento para la Agitación y Propaganda", abreviado como el AgitProp, para la difusión de consignas revolucionarias, auspiciado por Lenin. Con el triunfo de la Revolución un tren recorrió el inmenso país haciendo mítines y lanzando octavillas.

Como Arte Social impactante, hace un par de años pude ver una exposición magnífica en el Museo Reina Sofia: "Una luz dura, sin compasión. El Movimiento de la Fotografía Obrera (1926-1939)".
http://www.museoreinasofia.es/exposiciones/2011/fotografia-obrera.html

En el número del 25 de marzo de 1926, la revista AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung, revista ilustrada para los trabajadores), dirigida por Willi Münzenberg hizo una convocatoria a los potenciales fotógrafos amateurs para proveer imágenes de la vida cotidiana proletaria. Dicha convocatoria fue un éxito y se crearon grupos de fotógrafos obreros en toda Alemania, primero, y en el resto de Europa después.

Al mes siguiente aparecería en la URSS el primer número de "Sovetskoe foto". Su fundador, Mikhail Koltsov (más tarde comisario político en nuestra Guerra Civil y después depurado en las purgas estalinistas), comenzó una colaboración con Münzenberg que duró hasta 1936 y que originó miles de imágenes de un descarnado realismo, desde las pésimas y durísimas condiciones de vida de los obreros en toda Europa, de una miseria equiparable al Tercer Mundo, a los logros sociales soviéticos, en un momento de pleno prestigio soviético.

En 1930 se incorporó a AIZ el fotomontador Helmut Herzfeld, que renunció a su nombre alemán por el más conocido de John Heartfield, autor de fotomontajes críticos con el nazismo, y que también publicó trabajos muy conocidos sobre la Guerra Civil.

La revista AIZ disfrutó de un prestigio sin precedentes, llegando a la increíble cifra para su época de medio millón de suscriptores. Uno de sus reportajes más célebres fue: "24 horas en la vida de una familia obrera en Moscú", sobre la familia Filipov. Una familia obrera "normal", en la que todos los miembros tenían un trabajo (el padre, en una fábrica colectivizada por los obreros) y disfrutaban de una vivienda digna, polideportivos, bibliotecas públicas, etc. Para los alemanes de entreguerras, con un alto índice de paro -casi como el de España hoy día- y gran miseria social, el ejemplo de los Filipov era la demostración de que la revolución social era posible. De hecho se organizaron un par de viajes hasta Moscú para conocerles y entrevistarles demostrando que sí, que el reportaje era totalmente cierto.

AIZ duró hasta 1933, año en que Hitler subió al poder, quedando prohibidas en Alemania la publicación de ésta y otras revistas. AIZ se "mudó" a Praga y su director, Willi Münzenberg, a París, muriendo asesinado en extrañas circunstancias al huir tras la ocupación alemana. Se ve que "molestaba" mucho.

Hace pocas semanas leí una entrevista al escritor Félix de Azúa por un llamativo titular, en el que decía: "hace treinta años que no se hace arte en España". Admiro a Félix de Azúa hace tiempo. Doctor en Filosofía, escritor ("Diario de un hombre humillado", entre otros), barcelonés antinacionalista, autor de una frase que siempre me ha gustado: "la filosofía y el arte no requieren excesivo talento: requieren coraje", y pensé que no es uno de esos artistas "viejunos", premios Nobel incluidos -y aquí no pienso dar nombres, aunque haberlos haylos- que cuando hablan del arte actual sueltan siempre cosas del estilo de: "la poesía ha muerto", o "ya no se escribe nada bueno"... opiniones requeteviejunas fundadas sobre todo en que siguen anclados en su tiempo y lo actual les desborda.

Al leer en profundidad la entrevista, efectivamente, lo que sostiene Féliz de Azúa es que el Arte debe tener un ideal, si no revolucionario, sí de influir en la sociedad, cosa que según él hace treinta años que no se produce. Pero en este caso, y lamentándolo, discrepo de su criterio.

 El Arte Social no acabó tras la 2ª Guerra Mundial. 
 La denuncia continúa. 


Aquel AgitProp soviético tuvo un rebrote en Gran Bretaña, durante los años 80, bajo el gobierno de la conservadora Margaret Thatcher. Artistas socialistas y de izquierdas fueron acusados de utilizar el AgitProp para difundir ideas extremistas a través del teatro y de la televisión. Directores de cine como Ken Loach en filmes como "Lloviendo piedras", "Mi nombre es Joe" o "Tierra y libertad" (basada en la novela "Homenaje a Cataluña" de George Orwell, que luchó en la Guerra Civil) denuncian la explotación de la clase trabajadora británica.

Actualmente los artistas "visuales" utilizan además otras técnicas como la fotografía o el vídeo, y además cuentan con las redes sociales (Youtube, Facebook) para difundir su creación, saltando si es necesario por encima de los circuitos tradicionales (galerías, museos).

Una expresión muy extendida del Arte social es el Urban Art, que va desde las pintadas callejeras con declaración de intenciones y expresiones que van más allá de declaraciones de amor, más o menos trabajadas (el Muro de Berlín está cuajado de graffittis magníficos) hasta un arte mucho más elaborado del que el mejor ejemplo es el artista anónimo británico Banksy (consultar su película: "Exit through the gift shop"), con sus famosas imágenes de ratas, policías o soldados, que forman parte ya del paisaje urbano.

Para terminar, hay en nuestro país unos cuantos artistas entre tanto creador "políticamente correcto", que siguen dándole al tema de la crítica y la contestación.

La última exposición, "Los encargados", realizada por dos artistas bastante toca-pelotas... en el sentido social de la palabra: Jorge Galindo y Santiago Sierra.

Apoyados por su galerista, Helga de Alvear (nada sospechosa de ser una perroflauta ni una mera "indignada" antisistema), rodaron un video el 15 de agosto en la Gran Vía de Madrid como una especie de cortejo fúnebre: unas limusinas sobre los que apoyan grandes retratos, ¡puestos del revés! del rey Juan Carlos y los seis presidentes de la democracia, con la música de fondo in crescendo del coro de la Varsoviana, más conocido en España como "¡A las barricadas!"
http://www.helgadealvear.com/web/index.php/santiago-sierra-jorge-galindo/

Desde luego, ¡hace falta valor para semejante declaración de intenciones! Se merecen un aplauso.

 ¡Camaradas: la lucha continúa! 

Texto de: SANTIAGO GARCÍA CARABALLO